|
DIREITOS AUTORAIS PROTEGIDOS PELO
AUTOR. É PROIBIDO COPIAR OU REPRODUZIR EM TODO OU PARTE SEM EXPRESSA
AUTORIZAÇÃO DO AUTOR. |
|
Bon apetit
Cuatro paredes salitrosas
encierran la humedad y un cuerpo flaco que amortiguan los resortes de un
colchón agujereado y apestoso a orín.
Hay moscas que lo deleitan con un concierto de zumbidos. Bebe el último trago
de cerveza abandonada en un rincón desde hace una semana. Saborea residuos
mohosos que hay en el fondo de una lata con carne para perros. Canta una
canción de cuna y arrulla entre brazos a un cachorro tieso, con el hocico
abierto, ya sin lengua. El hombre enciende una vieja parrilla eléctrica de
donde salen cucarachas, empuña un cuchillo y una sonrisa curva sus labios al
aproximarse hacia la cama, donde reposa el cuerpo putrefacto de su esposa.
Teatro de vanguardia
ULTIMO ACTO: (En el
escenario a media luz queda el PRIMER PERSONAJE arrodillado, llorando frente al
cuerpo de una mujer inmóvil sobre el piso).
SEGUNDO PERSONAJE: Ella quiso engañarte conmigo, por eso la mate... hermano. No quise que nos separara.
(Le dice con voz trémula al joven afligido mientras sostiene un
revólver).
Como cada noche, la gente se para y aplaude aquella escena.
Los actores, regocijados dan las gracias al público.
Se baja el telón y entre ambos arrastran el cadáver tras bambalinas, donde
reposan las actrices acribilladas durante las tres primeras funciones del día.
Posesión
Mi boca roza los labios que
jamás quisieron unirse a los míos por desprecio. Con las manos toco los pechos
que siempre quise acariciar con sutileza. Desnudo el cuerpo tanto deseado. Me
moja de un líquido espeso y lo unto a mi pecho desnudo también. La mujer que
poseo no experimenta la sensación que me eriza la piel al hacerle el amor. Ella
duerme el último sueño sobre un charco rojizo expandido en el suelo.
Un hombre desalmado
De niño fue el más terrible
en la pandilla del barrio. En la familia, se ganó el título de "oveja
negra" durante la adolescencia. Los estudios jamás le agradaron, mucho
menos trabajar. Prefirió ganar el dinero fácil. Se hizo de amigos que le
enseñaron a matar. Al cumplir los cuarenta años se había convertido en el
hombre más desalmado y perseguido por las autoridades de investigación
criminal. Se volvió pendenciero a tal grado que asesinó a sus cómplices de
crímenes y asaltos. Ya ningún cabecilla de las bandas y pandillas del bajo
mundo quisieron tener nexos con él. En su familia, hacía mucho tiempo que lo
habían dejado de considerar parte de los de su sangre. Quedó tan sólo en el
mundo, y absolutamente nadie lo quería que, una noche, al encontrarse oculto en
su madriguera, sentado sobre la cama, vio de frente su sombra reflejada en la
pared, y ésta, avergonzada, se levantó y se marchó por la ventana para siempre.
La separación
Se la llevaron lejos para
que jamás volviera a verla.
La amaba tanto que él dijo quedarse sin alma, y cayó en una eterna y dolorosa
agonía sobre la cama donde muchas veces le demostró su amor sincero.
Pero ella, aún no se explica porqué a la luz del día y de la luna, su figura
proyecta dos sombras que se abrazan.
El vuelo
Se tiró al vacío desde la
montaña. Siempre soñó volar como las gaviotas pero jamás pudo elevarse. Su
cuerpo se destrozó al golpear el suelo.
Después de morir, reencarnó en un ave.
El sueño
Después de un largo desmayo,
Misraím despertó exaltado sobre la cama del hospital en el que fue internado a
consecuencia de un accidente automovilístico. Había tenido una pesadilla: La
ciudad era una plancha enorme de asfalto y edificios derruidos, sin árboles ni
extensiones de agua. Todos habían muerto durante una guerra devastadora, a
excepción de él, quien se vio en el sueño correr con desesperación entre
llamaradas, sobre cadáveres deshechos y cocidos por el fuego.
Misraím colocó una de sus manos en el pecho aún dolorido. Quiso bajar de la
camilla pero le fue imposible, se lo impidieron decenas de mangeras metálicas
conectadas a su espalda. La pesadilla real era peor. Resucitó después de cien
años en coma. Su cuerpo ya no era como el de un humano. La mitad de sus
extremidades estaban hechas a base de un metal extraño y desconocido para él,
quien no tenía más alternativa que incorporarse a un batallón de androides para
retomar la guerra, una guerra que años atrás un pueblo ajeno al suyo había
perdido a miles de años luz del planeta Tierra.
Escalofriante
—Vendré por ti —le dijo el
abuelo antes de morir.
Pasó un año y al agonizar mi abuela susurró: —Está aquí.
El viejo cumplió lo prometido. Yo fui quien le abrió la puerta.
El libro de las predicciones
Cuando exploraba aquella
cueva llena de esqueletos, el arqueólogo encontró un libro antiguo donde al
abrirlo leyó: "Morirás hoy". Y el hombre cayó sobre un montón de
huesos.
Datos del autor
Marcos Rodríguez Leija,
periodista y escritor mexicano. Nació en Nuevo Laredo, Tamaulipas (México), en
1973. Durante 10 años ha ejercido el periodismo en medios impresos y
electrónicos de México y Texas (EU).
Actualmente labora como editor de un periódico. Otra de sus actividades
artísticas es la fotografía.
E-mail:
blad@latinsite.com
Mande
sua contribuição!
agiraldo@uol.com.br
agiraldo@yahoo.com
Voltar à Página Principal Voltar à Página de Contos